sábado, 2 de junio de 2007

¿Ha logrado el PP un buen resultado en las elecciones municipales y autonómicas?

La respuesta, en mi opinión, es no. Es decir, ha podido ganar en votos al PSOE, pero desde luego no debería irse a casa con el sentimiento de haber logrado un buen resultado.

Sin embargo, no deja de sorprenderme la ceguera crónica que parecen padecer los líderes del PP, junto con toda su prensa afín, para hacer un análisis objetivo y realista de la situación, algo que resulta especialmente incomprensible estando al frente del PP alguien en mi opinión tan válido y tan capacitado como Mariano Rajoy.

Hagamos un breve análisis previo. Si preguntamos a la mayoría de los españoles qué opina de que ANV (es decir, HB) se haya podido presentar a las elecciones, o de que de Juana se pasée tranquilamente por la calle, o de que el tri-partit catalán haya sacado adelante un estatuto intervencionista y con una importante carga nacionalista, o del precio actual de la vivienda, o de la regulación masiva de inmigrantes o, directamente, de la preparación de buena parte del gabinete de gobierno actual, tengo la impresión de que las respuestas no serían muy alagadoras.

Y dudo que la opinión mayoritaria sea positiva ante iniciativas tan desafortunadas como la "recuperación de la memoria histórica", que nos devuelve a la época de las 2 Españas; la ley de igualdad, ciertamente denigrante para todas aquellas mujeres que nunca necesitaron cuotas para llegar a puestos relevantes; o la fallida ley del vino que ha puesto en pie de guerra a tantos ciudadanos.

Por si eso fuera poco, a nivel internacional, España cada vez tiene menos peso dentro de la UE, donde las principales potencias, Reino Unido, Francia y Alemania, tienen presidentes que no conectan ni ideológica ni personalmente con el nuestro. Nuestro aliados internacionales se reducen a una serie de políticos populistas que además han atacado los intereses internacionales españoles en numerosas ocasiones, mientras el gobiernos les duplica las ayudas (como es el caso de Bolivia).

La economía sigue creciendo, es cierto, pero el endeudamiento de las familias, el déficit exterior y la burbuja inmobiliaria son una bomba de relojería que acabará explotando tarde o temprano (aunque no sabemos en manos de quién). Es cierto que estos problemas se iniciaron durante el gobierno de Aznar, pero el gobierno actual no ha hecho nada en absoluto por corregirlos o moderarlos.

En cualquier caso, me atrevo a decir, y creo que más de un votante socialista estará de acuerdo conmigo, que la gestión de Zapatero hasta la fecha ha sido francamente nefasta en materia de terrorismo, gestión autonómica, asuntos de estado, relaciones internacionales y control del precio de la vivienda. Rosa Díez aludía en un artículo reciente a los muchos socialistas y miembros del PSOE que están en profundo desacuerdo con la actual estrategia impuesta por Zapatero, aunque por motivos lógicos de partido, no exterioricen estas opiniones de puertas a fuera.

Resumiendo todo lo anterior podríamos decir que estamos ante un escenario soñado para cualquier líder de la oposición: un presidente cuestionado por varios de los suyos, aislado internacionalmente, que no sólo no ha resuelto ninguno de los grandes problemas del país sino que ha generado numerosos problemas nuevos donde no existían.

Pues bien, ante este escenario inmejorable, y tras una campaña intensísima, el PP ha conseguido atraer a un porcentaje menor de los votantes censados que en 2003, cuando el desgaste de la guerra de Iraq y el desastre del Prestige minaban seriamente la popularidad del partido. Es cierto que ha aumentado 140.000 votos respecto al 2003, pero como el censo de votantes ha aumentado en casi 700.000, la realidad es que el PP ha atraído a un porcentaje menor del electorado que en 2003. En otras palabras, podríamos decir que el PP no ha conseguido robarle ni un sólo voto al resto de partidos y sólo ha atraido a 140.000 de los 700.000 nuevos votantes.

Esto, se mire como se mire, es un resultado absolutamente pésimo si, como ha pretendido el PP, se valoran estas municipales como una antesala a las Generales. O los españoles están entusiasmados con la gestión de Zapatero, algo que me permito dudar por lo anteriormente expuesto, o el PP no ha sabido entusiasmar ni convencer a ningún votante nuevo. Y eso sin entrar a valorar el hecho de que en las 2 regiones que más padecen el extremismo abertzale (Navarra y País Vasco), que ha sido el eje de la campaña del PP, ha sido donde el PP ha perdido un mayor número de votos.

Pero lo realmente preocupante es que lejos de reflexionar profundamente sobre este fracaso (lo es todo lo que no sea superar al PSOE en estas circustancias en 3 ó 4 puntos), la reacción de la cúpula del PP es de exaltación y de convencimiento de que la estrategia elegida está dando resultados. Lo cual me lleva al absoluto convencimiento de que nos quedan otros 5 años de Zapatero.

Y es que cuando uno erra en el diagnóstico, como le ocurre al PP y a sus medios afines crónicamente al evaluar los resultados electorales, es imposible acertar con el tratamiento.

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